Ansiedad Competitiva

Podría decirse, de una manera simple, que la ansiedad competitiva atañe a quienes practican un deporte y que es como un miedo anticipado, como temer un peligro que aún se desconoce y que no ha tenido lugar todavía. Aunque existe en distintas formas y con diferentes síntomas, la ansiedad competitiva en su vertiente disfuncional suele darse más frecuentemente en personas que se autopresionan para tratar de ser los mejores en aquello que hacen, de manera que suelen ser personas con tendencia al perfeccionismo, a la autoexigencia y a la necesidad imperiosa de ganar, por lo que generan excesiva tensión para acceder a sus logros tanto para sí mismo como para su entorno. En el golf, la ansiedad competitiva está muy presente dado que, en esencia, se trata de un juego de incertidumbres, incertidumbre en el resultado del golpe que se ejecuta e incertidumbre en el tanteo final de la ronda o la competición.

Entre las actuales direcciones de investigación que existen sobre la ansiedad competitiva en deporte destaca la definición que propone Mellalieu et al. (1) que la describe como un estado emocional que surge como consecuencia de la valoración o evaluación cognitiva (entendiendo por cognición la capacidad de un ser humano de procesar información a partir de la percepción, del conocimiento adquirido o características subjetivas que le permitan valorar tal información) que el deportista hace de una situación de competitividad o de una competición. La conclusión que de esta definición se desprende es el hecho de que tanto la situación (competición o situación competitiva) como las características personales del deportista intervienen en el desarrollo de la propia ansiedad competitiva.La ansiedad en sí misma no es buena ni mala siendo necesario una dosis adecuada de ella para rendir de manera óptima sin bloqueos causados por los nervios o el estrés de modo que, aunque la naturaleza intrínseca de los deportes es muy variada, en el golf se conjugan una serie de características propias que le hacen especialmente ser un productor de situaciones que el o la golfista puede percibir como amenazantes y responder ante ellas en estados emocionales de aprensión, temor, duda y tensión.

Entre los autores e investigadores así como en la literatura científico-deportiva existe una gran variedad de clasificaciones sobre la misma, por lo que voy a preferir decantarme por establecer una tipología de los síntomas o manifestaciones de ansiedad, las cuales pueden ocurrir antes, durante o después de una vuelta o de una competición. Estos síntomas podemos distinguirlos como cognitivos (incapacidad y dificultad para mantener la atención y la concentración), somáticos (percepción de síntomas corporales causados por la activación del sistema nervioso autónomo, como aceleración del ritmo cardíaco, sudoración, etc) y de comportamiento (movimientos repetitivos, arrebatos agresivos o de ira, postura inhibida, morderse las uñas).

El psicólogo y científico Charles Spielberger (1927-2013) (2) consideraba que para definir la ansiedad de forma adecuada hay que tener en cuenta la diferenciación entre la ansiedad como estado emocional y la ansiedad como rasgo de personalidad. La ansiedad-estado, según Spielberger, sería un «estado emocional» inmediato, modificable en el tiempo, caracterizado por una combinación única de sentimientos de tensión, aprensión y nerviosismo, pensamientos molestos y preocupaciones, junto a cambios fisiológicos. Por su parte, la ansiedad-rasgo haría referencia a las diferencias individuales de ansiedad relativamente estables, siendo éstas una disposición, tendencia o rasgo. Contrariamente a la ansiedad estado, la ansiedad-rasgo no se manifestaría directamente en la conducta y debería ser inferida por la frecuencia con la que un individuo experimentase aumentos en su estado de ansiedad. En este sentido, Francis et al. (3) concluye en sus estudios que los sujetos con alto grado de ansiedad-rasgo perciben un mayor rango de situaciones como amenazantes y están más predispuestos a sufrir ansiedad-estado de forma más frecuente o con mayor grado de intensidad.

Sin embargo y a pesar de lo expuesto la ansiedad competitiva no tiene por qué ser siempre negativa. Según Jones et al. (4) existe un nivel óptimo para cada persona, para cada deportista. Cuando se sobrepasa ese nivel es cuando se generan los problemas y las actitudes negativas. Si antes decía que la ansiedad competitiva en deporte se define como un estado emocional que surge como consecuencia de la valoración o evaluación cognitiva que el deportista hace de una situación de competitividad o de una competición, la ansiedad puede entonces actuar como un factor adaptativo. En tal sentido y en su nivel óptimo puede aumentar las posibilidades de que el desempeño deportivo sea también óptimo, por lo que se puede afirmar que la ansiedad competitiva no siempre actúa como factor negativo en el rendimiento deportivo. Una alta autoestima ayuda a que se transforme en un elemento adaptativo y facilitador en el desempeño y rendimiento en golf. El nivel de ansiedad competitiva presente en una situación dada, ya sea una ronda social o de competición depende del grado de personalidad ansiosa que presente el jugador o la jugadora de golf.

Pero además de las características personales del o de la golfista, también ha de tenerse muy en cuenta cuáles son sus consideraciones sobre el éxito, entendiendo por éxito no sólo el resultado final de una competición sino además, lo que es más importante, la consideración exitosa que pueda hacer de cada uno de los golpes que realiza durante el juego. Según Frank Erik Abrahamsem (5) un deportista y en nuestro caso un o una golfista se sentirá exitoso cuando al lograr el dominio o la buena ejecución de un golpe, cuando al culminar con buen juego una ronda o cuando al concluir adecuadamente el aprendizaje de una habilidad técnica, mental o física juzgue todo ello desde una perspectiva autorreferencial de mejora y disfrute, de modo que ese éxito hará que se oriente al proceso o a la tarea. Mientras que un o una golfista que valore esos éxitos en términos de demostrar superioridad sobre los demás o sobre sus compañeros competidores juzgará todo ello desde la importancia que da a la opinión de los demás y a la alabanza pública, de manera que tendrá una orientación hacia el resultado o el ego, por lo que conviene decir que ambas orientaciones motivacionales influyen de manera diferente en el estado de ansiedad. La orientación motivacional centrada en el resultado o el ego se presenta como un predictor del aumento de los niveles de ansiedad competitiva, mientras que la orientación hacia el proceso o la tarea predice el aumento de los niveles de autoestima y de autoconfianza, de modo que puede afirmarse que todo aumento de los niveles de autoconfianza y autoestima reducirán significativamente los niveles de ansiedad competitiva, mientras que por el contrario una ausencia de autoconfianza y autoeficacia provocará un aumento de la ansiedad competitiva según consideran en sus estudios Jokela y Hanin (6).

Todo jugador o jugadora de golf amateur que desee alcanzar las mejores cotas de rendimiento y de resultados deberá orientarse hacia el proceso o la tarea. Sí, es cierto, el golf se enfoca esencialmente al resultado pero enfocarse al proceso/tarea supone suspender la afección del resultado sobre nuestros estados de ánimo y sobre el surgimiento de emociones y pensamientos disfuncionales. Concentrarse en el proceso/tarea y no en el resultado del golpe o del tanteo final no impide que se cometan errores, pero si pone al y la golfista en predisposición de jugar mejor y alcanzar finalmente mejores resultados.

 

(1) Mellalieu, S., Fletcher, D., Halton, S. (2006). “A competitive anxiety review: Recent directions in sport psychology research”. Swansea University, University of Wales y Cardiff Metropolitan University.
(2) Spielberger, CD. (1983). “Manual for the State-Trait Anxiety Inventory (STAI)”. Palo Alto, CA: Consulting Psychologists Press.
(3) Ries, Francis et al. (2012). “Relaciones entre ansiedad-rasgo y ansiedad-estado en competiciones deportivas”. Cuadernos de Psicología del Deporte, vol.12, nº2.
(4) Jones, G., Hanton, S., y Swain, A. (1994). “Intensity and interpretation of anxiety symptoms in elite and non-elite sports performers. Personality and Individual Differences, 17.
(5) Abrahamsem, F.E. (2008). “Achievement goals and gender effects on multidimensional anxiety in national elite sport”. Psychology of Sport and Exercise, Vol.9, Issue 4.
(6) Jokela, M. y Hanin, Y. (1999). “Does the individual zones of optimal functioning model discriminate between successful and unsuccessful athletes? A meta-analysis”. Journal of Sports Sciences 17.

 

Foto: Marc Puig     Marc@SotaPar.com

 

Francisco González

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